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Saber cómo piensa y siente nuestro mejor amigo peludo es casi siempre la base de una buena convivencia juntos. No te pierdas esta serie de consejos básicos para convertir vuestra amistad en algo inseparable.

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Es peludo, cariñoso, muestra su alegría a través del movimiento de su cola y a veces tiene un deseo desenfrenado por el juego.

Es el perro, ese fiel amigo que tantas alegrías y enseñanzas proporciona a quienes conviven junto a él.

Desde que alcanzo a recordar siempre he tenido uno o varios perros a la vez. Creo que a estas alturas no concibo mi vida sin un perro junto a mí.

Te podría contar mil anécdotas y situaciones que escaparían a la razón, porque a veces nuestros amigos peludos actúan movidos por la fuerte conexión que tienen con sus dueños;  por eso mi post de hoy, para que sirva de rendido homenaje a esos seres tan queridos e irreemplazables que viven nuestros alborozos y desdichas como si de una extensión de nuestra propia mente se tratara.

Convivir con un perro puede a priori resultar fácil, pero te lleva años aprender y entender su comportamiento, porque un perro tiene su propio carácter y una manera (su manera) de entender el mundo que le rodea.

Por mucho que nos empeñemos,  nuestros perros ni son personas ni tienen nuestras costumbres, aunque a veces pretendamos que adopten una conducta humana.

Desde mi propia experiencia, unida a todo aquello que he ido aprendiendo de expertos en la educación y el adiestramiento canino, hoy te voy a dar algunos consejos para que educar a un perro sea una tarea algo más sencilla de entender.

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Educar a un perro

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A mi entender, educar a un perro es cuestión de, básicamente, cuatro reglas básicas:

– Paciencia

– Constancia

– Firmeza y autoridad

– Juegos y cariño

Sin duda alguna, una de ellas no te servirá si no implementas las demás. Las cuatro conforman los pilares de todo entrenamiento básico, y deberás familiarizarte con ellas para saber exactamente en qué punto estás fallando para buscar una mejor solución a la falta de disciplina de tu can.

Al final veremos que, además de estas cuatro premisas, hay algo que debemos observar y cuidar para mejorar la relación entre nosotros y nuestros perros.

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[tweetshare tweet=»Cualquier puede tener un perro, pero no todo el mundo llegará a crear un fuerte vínculo donde respeto, disciplina y cariño se den la mano. Conoce cómo lograrlo.» username=»Fiservi_es»]

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# Paciencia

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No ocurre solo con el perro. Las personas también requerimos que nuestros maestros en el arte de vivir sean pacientes y tolerantes con los errores que cometemos y nos muestren mejores vías para conducirnos.

No quieras conseguir todo a la primera. El proceso de aprendizaje del perro te llevará tiempo, pero no deberá ser forzado sino natural y progresivo. Aprende de esta primera norma y todo irá mejor.

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# Constancia

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Este punto creo que va especialmente unido al anterior.  No basta solo con seguir un determinado ritmo de aprendizaje, siendo paciente, sino que los resultados llegarán únicamente si somos insistentes con nuestro mensaje.

Importante: ser constantes no implica no medir los tiempos.

No soy partidaria de sesiones de entrenamiento que se alargan hasta el punto del cansancio y el rechazo por parte del animal.  Me inclino más por emplear un tramo de tiempo a lo largo del día (15-20 minutos) para dar instrucciones y reforzar a lo largo del día, integrando las órdenes de manera cotidiana para que el perro las vaya adoptando como hábitos.

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# Firmeza y autoridad

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Todos hemos visto alguna vez a personas con perros cuyo comportamiento dejaba mucho que desear.

Suele decirse en estos casos que los canes les han “ganado el terreno” y se han hecho dueños del hogar, pero es que hay situaciones en las que, literalmente, es así.

Perros que ladran sin parar hasta conseguir que les sirvan su comida; que gruñen (hasta muerden) a quienes se atreven a molestarlos mientras duermen en el sofá o que no obedecen la más mínima orden de sus dueños cuando salen a pasear, poniendo en peligro su propia seguridad y la del resto de personas que transitan o que juegan tranquilamente en el parque con sus niños o sus mascotas.

Esta carencia de disciplina no es otra cosa que la consecuencia directa de la falta de autoridad de sus dueños.  A veces se confunde el afecto con el consentimiento extremo, y todos (perros y personas) necesitamos crecer en determinados límites.

Se tiene la creencia de que poner límites implica criar perros miedosos, y poner en práctica lo primero no tiene por qué derivar en lo segundo. No, si se hace bien.

Poner límites a un animal puede suponer que gane habilidades sociales más fácilmente, que aprenda qué le está permitido y qué no, que mejore sus impulsos y, muy importante también, que sepa exactamente qué esperamos de él.

Los perros, en su descubrimiento constante,  pondrán a prueba muy  menudo a sus dueños.  Hacerles ver quién es el “líder” les mantendrá en una posición de sumisión y respeto que situará a cada miembro en su correspondiente rol.

El refuerzo positivo funciona mediante la recompensa a las tareas que el animal ejecuta bien, lo que reforzará su autorregulación.  El castigo es una práctica no recomendable, y mucho menos en cachorros.

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# Juegos y cariño

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Cariño, una correcta higiene y alimento son la tríada de la felicidad y la salud del perro.

Se piensa que autoridad y cariño son incompatibles, cuando es todo lo contrario.

Creo que no se entienden uno sin el otro; si no somos capaces de establecer determinadas fronteras en su comportamiento significa que no le queremos como se merece ya que no le estamos dando lo que necesita para que entienda cuál es su papel y cuáles sus derechos también.

Dedicar un tiempo al juego es también educarle y enseñarle a canalizar sus emociones. Con el juego le estaremos ayudando también a reforzar el vínculo que nos une a él. Aunque el juego sirve para todos los perros por igual, determinadas razas necesitan el juego como vía para relajarse o para activarse incluso.

Consultar con un experto en educación canina te servirá para conocer qué juegos pueden ser más estimulantes para tu perro, ya que no todos responden igual ante la misma actividad.

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Quiere, educa y, sobre todo, disfruta de la compañía de tu perro

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Con estos cuatro puntos pienso que todos podemos llegar a convivir con un animal sano y, sobre todo, equilibrado.  Hay otro punto importante que, como dueños, también deberíamos conocer.

Nuestra personalidad marca muchas veces la conducta del perro. De ahí creo que se acuñó la famosa frase “los perros acaban pareciéndose a sus dueños”, y es que el perro percibe muy rápidamente  cómo es nuestro estado emocional, y adopta una actitud u otra dependiendo de nuestras actuaciones.

De personas nerviosas e inestables suelen surgir muchas veces comportamientos caninos de inquietud y excitación.

Es interesante también autoexaminarse como dueño para llegar también a la raíz de un problema de mala conducta canina.

Estos consejos básicos te ayudarán a sentar las bases de una convivencia respetuosa y divertida y construirán una experiencia del todo fructífera para ambas partes.

No es difícil conseguir de un perro que se mantenga quieto, que se comporte adecuadamente con otras personas, que socialice bien con sus congéneres, que no ladre insistentemente o que no destroce los muebles de la casa si se aplican estas reglas básicas.  Esto, en situaciones normales, es perfectamente factible.

No obstante, hay que recordar que buenos modales y un adiestramiento específico pueden llegar a ser cosas distintas y necesitar de la ayuda de un experto.

Un adiestrador experimentado logrará corregir situaciones que requieran de una especial atención, por suponer un peligro para los demás, por ejemplo.  No dudes en consultar con un profesional cualquier duda que tengas al respecto.

Si necesitas asesoramiento para contratar a un adiestrador canino no dudes en consultarnos y te ayudaremos a encontrar a un profesional del ramo de total confianza.

Antes un consejo profesional que apartar a un animal de nuestra vida por desconocimiento.

Y ahora, si quieres, cuéntame tu experiencia con tu perro; cómo le educaste o con qué obstáculos te encontraste, lo que tú quieras aportar nos servirá a todos. ¡Te espero!

Que tengas un feliz día.

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