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Cuando llegamos a una situación de conflicto y falta de entendimiento con alguien, la solución se torna difícil, y la decisión más inmediata suele ser la de acudir a un abogado para que nos asesore en consecuencia.

Si bien podemos tener la seguridad de que obtendremos tutela legal en todo momento, no hay que olvidar que la vía de resolución suele ser la presentación de una demanda civil que tendrá que admitirse por el juzgado correspondiente.

Posteriormente a dicha circunstancia, ambas partes serán citadas a comparecer ante el juez para que, además de concretar las causas del desacuerdo, lleguen a establecer una serie de condiciones para el acuerdo y lo alcancen finalmente. De este modo podrá recogerse en una sentencia que obligará a las distintas partes a su cumplimiento.

Si no hay voluntad de acuerdo posible, será el juez quien decida hacia quién se inclina la balanza de la razón.

Esta situación, si bien dirime las diferencias mediante los instrumentos legales establecidos en el código civil, no deja de marcar una clara diferencia entre “ganadores” y “vencidos”.  

El coste emocional, además, suele ser elevado.

Hay muchas veces una sensación de frustración tras la celebración de un juicio o de una declaración formal para intentar poner razón en un asunto peliagudo, y el sentimiento de impaciencia, ante los dilatados plazos que marca la justicia, también es común entre los afectados, cuyas quejas se dirigen siempre al hecho de tener que esperar demasiado, y sus deseos a que todo se resuelva lo antes posible.

Sin embargo, existe otra medida para intentar desencallar puntos de vista dispares: el diálogo y la conciliación.

Es necesario agotar todas las vías para conseguir un acuerdo. Sin embargo, esto debe moderarse por terceras personas para evitar cruces de declaraciones encarnizadas e impedir que todo el pulso se desarrolle impregnado por la intransigencia y la excesiva emocionalidad.

Es cuando la figura del mediador toma sentido.

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El mediador en un conflicto

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El mediador no tiene otro cometido que el de conciliar varias partes en conflicto. 

Es un actor con sobrada capacidad para que se alcance un nivel suficiente de negociación y para que la pugna deje el menor poso de frustración posible.

Si bien el mediador es una persona con obligación de mantenerse imparcial y de guardar la plena confidencialidad, no es menos cierto que se le atribuyen otras habilidades que, en su conjunto, completan un perfil profesional característico y con plena capacitación para las funciones que tiene encomendadas.

No todos los abogados son mediadores, pero podemos encontrarnos muchos mediadores dentro del ejercicio de la profesión de la abogacía.

Para empezar, te diré que la actuación del mediador está contemplada en nuestra legislación. 

La mediación se aborda en profundidad en la Ley 5/2012, de 6 de julio,  de mediación en asuntos civiles y mercantiles.   Esta circunstancia impregna de la suficiente protección legal a cualquier mediación con un agente expresamente designado.

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¿Qué conseguiremos al acudir a un mediador?

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La intervención de un mediador no asegura alcanzar siempre una solución, pero sí la participación en la escucha activa y en la facilitación de un ambiente de entendimiento.

El mediador se sitúa en un plano empático con ambas partes, pero deja apartada la implicación emocional.

Es capaz de poner orden en todos los testimonios, resumir los puntos esenciales del conflicto, sugerir propuestas que tal vez no se hubieran planteado hasta ese momento, proponer distintas opciones al alcance de las partes, y permitir que se vayan salvando los obstáculos que impiden un consenso.

Es reseñable también su facilitación a la participación, así como a la igualdad de oportunidades.

El mediador tiene como misión la de guiar a las partes a ver y entender que pueden existir soluciones que no tienen por qué perjudicar completamente al otro o a uno mismo, sino que pueden asumirse responsabilidades y beneficiarse equitativamente de un desenlace satisfactorio.   

Además de poseer una sobrada capacidad para destensar situaciones en apariencia difíciles, otro de los rasgos más significativos del mediador es su habilidad para transmitir seguridad y confianza en los litigantes, de tal forma que se sientan perfectamente representados y entendidos, cada uno en su contexto.

No puede negarse que es un profesional con un profundo conocimiento de la conducta.  Muchos mediadores pertenecen a disciplinas como la psicología, el derecho (como antes vimos), la medicina y la pedagogía.

Con una profunda convicción en el ser humano, el mediador es también un experto manejando la comunicación durante todo el proceso de conciliación, de tal modo que es capaz de adaptar cada mensaje al momento, los actores, el origen del problema y las figuras involuntarias.

Por otro lado, involucra a todos los intervinientes en el futuro de la relación personal o profesional entre las partes, y a ser conscientes del modo en que afectará a sus vidas adoptar una u otra decisión.

Si bien puede pautar las diferentes fases de la conciliación, el mediador nunca obligará a la aceptación de una solución tomada en favor de una de las partes o de ambas, al contrario de la figura del juez que sí adopta el papel de árbitro dentro del ámbito legal con plena potestad para deliberar y dictar en consecuencia.

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¿Cuántos tipos de mediación existen?

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Un mediador puede, en un principio, actuar en cualquier ámbito y conflicto, si bien estos expertos aplican sus conocimientos en un área concreta, muchas veces relacionadas con sus especialidades profesionales.

Así, podemos encontrar mediadores de familia, mediadores en conflictos laborales, mediadores en el ámbito educativo, mediadores en el entorno de la sanidad y la salud, mediadores sociales en beneficio de la comunidad, etc.

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Ventajas de acudir a un mediador

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– Brevedad.

Los tiempos de resolución, salvo excepciones, son mucho más cortos que en un proceso judicial.

– Menor inversión económica. 

La intervención de menos actores y de un menor número de procedimientos y formalidades administrativos, hace posible que la inversión sea menor.

– Menor coste emocional.

La rapidez en la resolución acorta los tiempos de angustia y reduce también la sensación de sentirse “perdedor” en todo el proceso.

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Desventajas de escoger un mediador

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– Hay que asumir un coste económico. 

Si bien la asistencia de letrado y de defensa jurídica gratuita es un derecho reconocido en la Carta Magna, en el caso de los mediadores no queda tan claro que dicho servicio pueda obtenerse de manera gratuita, por lo que tendrán que abonarse sus honorarios, y esa puede ser una circunstancia inasumible para determinadas economías.

– No siempre se alcanzará un acuerdo. 

Acudir a un mediador no garantiza la obtención de una solución satisfactoria ya que en este hecho están implicados muchos factores, uno de los más importantes es la apertura a contemplar una salida por parte de los directamente involucrados.

Esperamos haber podido ayudar a despejar dudas con respecto a la figura del mediador. Como siempre, si quieres aportar tu propia experiencia, no dudes en participar en los comentarios.

Feliz día.

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